Por: Julio Torres.->Suscríbete a mi blog, es gratis.
Como quedó establecido en el capítulo anterior, fui testigo de una maravillosa solución a un problema dermatológico en un niño sin más intervención que la espiritual de comunicarse.
Por tal motivo, decidí en ese momento investigar en la medida de mi posibilidad sobre el fenómeno que recién conocía y que movió algo dentro de mí para saber más.
Pero, ¿por donde empezar?, Una persona cercana conocedora de estos asuntos, me indicó que comenzara por leer todos los libros bíblicos pero desde el punto de vista histórico y no teológico.
Me dijo, “quizás si comienzas por enterarte y descubrir la cronología del génesis, logres llagar a una buena conclusión y de ahí en adelante verás que te va a resultar muy interesante”
De inmediato comencé con la tarea impuesta y curiosamente coincidió con la puesta en escena de la obra “José el soñador” que aparece en el capítulo 39 del génesis y esto se convirtió en la primera lección.
Gran sorpresa me causó el hecho de que desde entonces se habla de una especie de la forma como se comunican entre este mundo y el otro y quizás de otros que no tenemos noticia.
Pero también la recomendación de dejar a los muertos en paz, lo cual resulta un doble discurso, o aceptamos que la forma como se comunican existe o la desechamos por mandamiento.
Como el objetivo de mi estudio era desde el punto de vista histórico, debo admitir que poco caso hice de las recomendaciones y me entregué a descifrar la simbología bíblica.
Esto desde luego me tomó algunos años en los que de manera paralela mi incursión en sesiones de amigos que fui conociendo y que sabían de estos asuntos, solo yo no sabía nada.
Una de las primeras experiencias fue cuando en una reunión de ese tipo, una mujer hasta entonces desconocida, acepta que permanezca en ese grupo pero que guarde silencio.
De pronto, ella cierra los ojos y después de unos instantes comienza a hablar, pero su voz es muy distinta a la que escuché cuando me la presentaron, y veo que se dirige a cada uno de los asistentes pero sin abrir los ojos.
Como nunca se dirigió a mi, eso permitió observar a detalle los acontecimientos durante el tiempo que se desarrolló la reunión, desde luego que fue muy interesante, pero mi duda creció.
Claro que nunca me atreví a cuestionar lo visto y oído, pero el resto del día y algunos días más, la imagen de la señora en los momentos de la reunión aumentaban las interrogantes.
Por fortuna me invitaron a una nueva reunión después de un mes y con gusto asistí, y esta vez la señora nos invitó un café y conversamos de distintas cosas y en un momento determinado guardó silencio.
Vuelve a cerrar sus ojos y ahora comienza a hablar con voz varonil, admito que ahora me sorprende mucho más que cuando la conocí.
Nuevamente se dirige a cada uno de los asistentes, contestando preguntas, casi todas en el terreno de la salud y ella, o el, parecía recetar las medicinas que aliviarían sus males.
No me extrañó el que no se dirigiera a mi, pues la verdad es que no tenía pregunta alguna que hacerle pues me sentía bastante bien, entonces, de nuevo me limité a observar.
Una vez terminada la “meditación”, así me indicaron que de conocían esas reuniones, una nueva taza de café hizo su aparición y nuevamente a conversar.
Recordé entonces a un amigo entrañable, que en los últimos meses presentaba al parecer un cáncer terminal, y lo comenté, entonces la señora me indica que al día siguiente lo pregunte.
Nos despedimos de manera amigable con la promesa de reunirnos al día siguiente, admito que hasta entonces comencé a creer que se trataba de algo real.
Lo acontecido en la siguiente reunión, o “meditación”, resultó sumamente interesante y sorprendente, por lo que lo reservo para mañana, lo titularé “ley de causa”, espero les guste.
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