sábado, 11 de junio de 2011

Leyenda pensando en Dios

Por: Julio Torres.

Se entiende que Dios es la causa primera de todo lo que existe, que es la máxima inteligencia, pero también es lo infinito, es decir, lo que no tiene principio ni fin, lo desconocido y todo lo desconocido parece infinito.

Que Dios es lo infinito, parece incompleta la definición, es lenguaje pobre,  no basta para definir las cosas superiores a nuestra inteligencia. ¿Será recurso para explicar lo que no entendemos?

Se declara que Dios es infinito en sus perfecciones, pero lo infinito es una abstracción, decir que Dios es lo infinito, es tomar el atributo por la misma cosa y definir una cosa que no es conocida por otra que no es conocida.

Pero, ¿Dónde podemos encontrar pruebas de la existencia de Dios?

En el axioma que aplican a sus ciencias: no hay efecto sin causa. Busquen la causa de todo lo que no es obra del hombre, y su razón les responderá.

Para creer en Dios solo hay que observar las obras de la creación, las montañas, los valles, los mares, los ríos, las olas, el viento e inclusive los tornados y terremotos.

El universo existe, lo cual significa que tiene una causa, poner en duda la existencia de Dios equivaldría a negar que todo efecto sale  de una  causa y admitir que de la nada puede existir algo.

Que Dios existe es el sentimiento intuitivo del hombre; porque, ¿De donde brotaría ese sentimiento si no estuviera basado en algo?, esto también es una consecuencia del axioma de que no hay efecto sin causa, y no hay causa sin efecto.

El sentimiento íntimo que tenemos de la existencia de dios, no es producto de la educación o de las ideas adquiridas o los conceptos de la ciencia, existiría entonces, solo para quienes hubieran recibido tal enseñanza.

Atribuir la formación primera de las cosas a las propiedades íntimas de la materia, sería como tomar el efecto por la causa, ya que esas mismas propiedades son un efecto que debe surgir de una causa.

Pensar que el azar contribuye a  la formación primera, a una combinación fortuita de la materia sería absurdo, nadie que se considere preparado puede calificar al azar como un ser inteligente.

La armonía que controla las partes del universo, revela conjuntos definidos y objetivos determinados, por lo tanto, es trabajo de un poder inteligente.

Atribuir la formación primera al azar es un contrasentido, el azar es ciego, no puede producir efectos de inteligencia, un azar inteligente no puede ser azar.

Un refrán muy conocido dice: “por la obra se conoce al artífice”

Así que, examinen la obra, y busquen al artífice, el orgullo es lo que origina la incredulidad, el hombre orgulloso no admite que existe algo superior a él.

Se juzga el poder de una inteligencia por sus obras, y como ningún ser humano puede crear lo que la naturaleza produce, la causa primera tiene que ser una inteligencia superior a la humanidad.

Cualquier prodigio realizado por la inteligencia humana, tiene un efecto, esa misma inteligencia puede ser la causa, y cuanto más grande sea lo que ella haga, mayor ha de ser su causa primera.

Esa inteligencia es la causa primera de todo lo existente, cualquiera que sea el nombre que le haya dado el hombre.

Es por eso que a Dios se le considera “la causa primera”, “el eterno”, “el cósmico”, el gran arquitecto del universo” y muchos nombres más que cada religión y cada inteligencia define, pero es el mismo.

Lo importante es entender que él es el inicio, de su inteligencia se desprende todo lo demás, no importa el nombre, sigue y seguirá siendo la causa primera de la que se produce el efecto.

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